Si el lunes mirábamos al suelo… el martes todas las miradas se fueron hacia arriba.
El cole se llenó de coronas, sombreros imposibles, diademas mágicas, gorros disparatados y peinados que desafiaban la gravedad. Parecía que cada pasillo era un reino diferente.
El miércoles tocó abrigar el cuello con estilo. Bufandas coloridas, pañuelos elegantes, pajaritas simpatiquísimas y collares que parecían auténticos tesoros de cuento.
Algunos parecían listos para firmar tratados reales y otros para animar a su equipo en la cancha.
Como si estuviéramos dentro de Once Upon a Time, nuestra semana carnavalera terminó… ¡con un capítulo inolvidable!
Después de una semana llena de consignas divertidas (calcetines por fuera, sombreros imposibles, cuellos creativos y gafas mágicas), llegó el día más esperado…
El viernes el cole se transformó por completo. Cada niño y niña vino con su disfraz inspirado en un cuento. Princesas y príncipes, lobos nada feroces, hadas, piratas, personajes clásicos y versiones muy originales llenaron los pasillos de fantasía.
Era como pasear por una biblioteca mágica donde los cuentos habían cobrado vida.
Gracias por vuestra implicación, por rebuscar en cajones, por improvisar soluciones de última hora y por compartir con nosotros esta semana tan especial.









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