Nos hemos puesto manos a la obra para limpiar los bancales, rellenar de tierra las nuevas ruedas que nos trajo Tomás, el papá de Hugo, y rastrillar y remover la tierra para dejarla bien preparada para las próximas plantaciones. Trabajo en equipo, esfuerzo y muchas ganas de cuidar nuestro huerto.
Pero lo mejor llegó cuando, entre paladas y montoncitos de tierra, empezamos a encontrar vida. ¡Y cuánta! Aparecieron larvas, lombrices, un ciempiés y hasta una babosa.
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